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La historia de Roi Porto con el neón habla de pasión. De manera vocacional y como visionario de lo que estaba por llegar, a finales de 2016, tras una breve toma de contacto, se inicia en el mundo del neón de forma autodidacta, trabajando duro y con mucho esfuerzo para introducirse en una profesión casi en desuso, transmitida de padres a hijos y opaca, en la que le cerraban las puertas dadas las aplicaciones puramente comerciales del neón en España.
 Pero su enfoque va mucho más allá.. Con diversas inquietudes y aptitudes en diseño y arte ha encontrado en el neón una expresión artística en sí misma, muy poco explorada y con infinidad de posibilidades, en la que experimenta con el color y los volúmenes para crear esculturas de luz que abandonan el lienzo para inundarlo todo.
 El proceso de fabricación de un neón es completamente artesanal en el que se moldea un tubo de vidrio con soplete para introducirle un gas que al contacto con la electricidad sus electrones chocan generando una luz brillante, es un trabajo duro y minucioso pero el resultado es poco menos que magia.
 En la actualidad colabora con un pequeño taller responsable de algunos de los rótulos más emblemáticos de la capital.